Detrás de cada producto
hay una historia real.

En Montreal, haciendo mi doctorado en Biotecnología, mi piel colapsó: rojeces, brotes, inflamación. Meses de antibióticos y cortisonas que solo tapaban el problema. Un día dije basta.

Empecé a investigar. Aceite de coco, oliva, árbol de té. Con paciencia y curiosidad científica, mi rostro empezó a mejorar. Entendí que la naturaleza ya tenía las respuestas y que yo tenía las herramientas para destilarlas con rigor.

Ahí nació Organica Original: no como un proyecto de negocio, sino como la consecuencia natural de sanarme.

Habla con Alejandra sobre tu piel

El viaje que cambió todo

Después de Montreal, mi búsqueda me llevó por Guatemala, México, Colombia, Perú y Nicaragua. Conviviendo con la tierra, aprendí la medicina ancestral que la cosmética industrial olvidó: aceites prensados en frío, plantas destiladas al vapor, rituales de cuidado que respetan los ciclos naturales.

Volví con un alambique de cobre y con la certeza de que este era el camino. Hoy ese mismo alambique destila las plantas que entran en tus productos.

Ciencia al servicio de tu piel

Estudié Ingeniería Industrial Química y de Materiales en la UPC, donde después hice un Máster en Polímeros y Biopolímeros y un Doctorado Internacional en Biotecnología.

Todo ese bagaje académico tiene un propósito muy concreto: que cada fórmula de Organica no solo sea natural, sino efectiva. Sé exactamente cómo se comportan los activos botánicos, cómo formularlos para que penetren en la piel, y por qué ciertos ingredientes que parecen naturales en realidad no lo son.

Cuando compras Organica, no compras solo un jabón o una crema. Compras años de investigación, un viaje por cinco países y la convicción de que cuidarse bien no debería comprometer ni tu salud ni la del planeta.

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