Detrás de cada producto
hay una historia real.
En Montreal, haciendo mi doctorado en Biotecnología, mi piel colapsó: rojeces, brotes, inflamación. Meses de antibióticos y cortisonas que solo tapaban el problema. Un día dije basta.
Empecé a investigar. Aceite de coco, oliva, árbol de té. Con paciencia y curiosidad científica, mi rostro empezó a mejorar. Entendí que la naturaleza ya tenía las respuestas y que yo tenía las herramientas para destilarlas con rigor.
Ahí nació Organica Original: no como un proyecto de negocio, sino como la consecuencia natural de sanarme.